I
Poco ha cambiado en el editor de entradas de Blogger, donde esto escribo.
Salvo un par de íconos que son novedad en la barra de herramientas, pareciera que no han pasado casi dos décadas desde la primera vez que publiqué un post en este blog.
Entonces tenía 25 años y usaba una computadora de escritorio en un modesto departamento en Buenos Aires. En este momento, tengo casi 44 años y escribo en mi laptop en un modesto departamento,en Mérida. Tecleo con los antebrazos apoyados en el escritorio, y alterno la vista entre la ventana de la compu y la ventana de mi estudio, donde las ramas de una ceiba inmensa se agitan con el aire que las estremece. Así también me estremece la vida que ha transcurrido. La de 25 no tenía las canas que tengo a los 43, algo evidente para cualquiera que me vea. Pero así también en lo no visible soy distinta, tengo herramientas de pensamiento, habilidades para la vida y experiencias emocionales de las que naturalmente carecía en ese tiempo.
II
Recientemente, un nuevo proyecto me reunió con un cliente al que no veía desde 2019. Al verme dijo:
—Addy 2.
—¿Addy 2? —repetí sin entender.
—Addy 1 era la otra, esta nueva es diferente.
Respondí con sonrisa y tomé su comentario como el mejor de los piropos.
En las últimas semanas he disfrutado conversaciones fascinantes con las personas que estoy acompañando como editora y consultora creativa. Es gente que conozco de poco tiempo, pero que tiene mi total admiración por su talento, conocimiento y destreza en el área que representan, gente excepcional en cuanto a valores y actitud ante la vida. El común denominador es que son personas que aterrizaron con un mensajito en mi verde prado de WhatsApp. Fue así que, haciendo un balance del primer bimestre del 2026, valoré con gratitud que las personas con las que he colaborado le pasen mi contacto a sus colegas o amistades porque consideran que encontrarán valor en lo que ofrezco.
Aunque en los últimos años «me he puesto seria» y hasta incluso pienso —de veras— que algo aburridita, está en mi la nefelibata [1], la garimpeira da beleza [2], la que quería compartir en su blog Letranías algunas palabras sobre libros, arte y encuentros que enriquecen la vida. Esta más viva que nunca la joven que en el 2007 empezó a sembrar lo que estoy cosechando en el 2026 como adulta. El camino que he recorrido empezó aquí, en esta caja de texto en blanco donde aparecen una a una las palabras que hago brotar con leve presión de yemas. Es un camino labrado con las manos, tecla a tecla, idea a idea, persona a persona.
La semana pasada, entre una reunión y otra, tuve veinte minutos de pausa y elegí de mi librero un libro para tomar algo de inspiración para mi siguiente sesión. Lo abrí pensando: «Veamos que encuentro si lo abro al azar». Es algo que me gusta hacer, algo así como galletas de la suerte, crujientes y proféticas, pero en versión literaria. La frase que encontré fue un rayo que me dejó estaqueada en la mitad de mi estudio, parafraseando a Julio Cortázar en «Rayuela», su célebre novela. Palabras más, palabras menos, esto hallé en «BUILD» de Tony Fadell: «Se necesitan veinte años de trabajo para que el éxito ocurra de la noche a la mañana».
Estaqueada.
Como de amor quedó Horacio Oliveira ante la Maga.
Se necesitan veinte años de trabajo para que el éxito ocurra de la noche a la mañana. Cuánta verdad. Cuántas peripecias. Cuántas conversaciones incómodas. Cuántos aprendizajes. Cuántas personas. Cuánta paciencia. Suspiro. Respiro.
R
e
s
p
i
r
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Tomo aire y digo: Letranías.
Tomo impulso y vuelo: Letranías.
Tomo conciencia y escribo...
Letranías soy yo a cualquier edad con la misma emoción: La emoción de compartir. Con qué pasión leía, vivía, escuchaba, buscaba y elegía contenidos para compartir, cuando las redes sociales no existían. Con qué emoción creía —y creo— que palabras bien escritas pueden hacer la diferencia en quien las lea, ya sea un poema de Kavafis, un cuento de Ángeles Mastretta, un fragmento de Eliseo Alberto. Con qué emoción, delicadeza y gratitud recibo los frutos que sembré a los 25 años. Sigo haciendo lo mismo que en aquel entonces, sólo que ahora comparto mis propias ideas, estructura, visión y estrategias para impulsar e inspirar a las personas, dándoles confianza en sí mismas, orden, rumbo y claridad.
III
Hace unos días, Meche Molina, quien presentará su primer libro para niños en la Filey 2026, me pidió que la acompañe y que le comparta mi semblanza. Esto le envié:
Addy Góngora Basterra es malabarista de palabras. Disfruta acompañar a personas de cualquier edad que quieren contar historias, detonando en ellas el talento para escribir y lograr el sueño de que tengan su propio libro. Es editora, escritora, diseñadora editorial y consultora creativa de tiempo completo. Es muy feliz con lo que hace y con la gente que conoce gracias al fascinante mundo editorial.
Sí, de verás soy feliz. A lo anterior me dedico, entre otras cosas, como a ser tía, retomar el piano y criar a una perrita chihuahua. Por eso hoy en la mañana, cuando una amiga me preguntó por WhatsApp cómo estoy, le respondí en un mensaje de voz: «Súper, con ganas de verte para contarte algo, es como si yo misma me hubiera lanzado al mar una botella que me llegaría casi veinte años después con una respuesta a lo que necesito hoy».
¿Y qué necesito, qué respuesta encuentro en la botella?
A Letranías, a la joven entusiasta, segura de sí misma que quiero honrar, agradecer y darle su lugar... dándole continuidad.
Poco ha cambiado el editor de entradas de Blogger, donde esto escribo.
Ojalá así continué. Que siga siendo un cursor parpadeando en un espacio en blanco, propiciando el diálogo interno. Esperando. Tranquilamente. Sin prisa, así pasen veinte años. Una caja de texto en limpio para todo lo que hay que compartir.
Esta es mi promesa: Que Letranías siga siendo lo que ha sido, un espacio para leer pensamiento natural, inteligencia humana, lenguaje genuino, con chispas que detonen creatividad, saboreando el lujo de leer un buen poema, recobrar a cierta autora, conectar con tal autor, adentrarse a un clásico y su valor.
Toma y daca.
[1] Nefelibata: Persona soñadora, con la cabeza en las nubes.
[2] Garimpeira da beleza: La definición del portugués al español es algo así como «Buscadora de tesoros de belleza». La RAE define garimpeiro como «Buscador de oro o de piedras preciosas en el Amazonas».
PD. Hay una puerta en Instagram: @letranias.oficial
