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jueves, 29 de septiembre de 2016

Rafael Cadenas. Poeta Venezolano. 
De "Amante", 1983. 


Watercolor eye by Midnightambiance | Devianart.com
Cuanto hiciste 
fue para propiciar 
el encuentro.

Aparta pues de ti 
la espera.

Ahora.

Sólo hay

aquí,

ya,

un aquí embriagado 
en un ya de oro.

Te encontrarás de bruces 
ante ella.

La vida a quemarropa. 
Por fin.

En tu cuerpo.

La flor inmediata, 
la única,
te esperó siempre.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

José Díaz Cervera (1958). Poeta mexicano. Tomado del blog "La negrura secreta".

Porque es innecesaria, porque jamás podrá detener la bala de un sicario, porque es pobre, yo amo a la poesía.

No sé si por ella nuestros ojos ensayan la existencia de los astros; no sé si de sus manos podrán brotar alguna vez palomas y dientes de leche, pero yo amo a la poesía porque me la imagino una mujer de pies pequeños.

Porque viene manchada por el dolor humano, la poesía está preñada siempre por lo que no hemos dicho; yo la amo porque en ella las palabras tienen la fragancia de una cabellera de mujer que sonríe, a pesar de los rigores de un tiempo donde casi todo es basura y mezquindad.

Nadie pide un poema como se pide una manzana, pero todos damos alguna vez una palabra como se da un beso. Y un beso, en el fondo, es algo innecesario para la urgencia de unos ojos que se cierran; por eso la poesía es un arma cargada de presente: en ella está la vida que sueña, en ella está la vida que canta en un aquí constante, en un ahora perenne (como una gota de lluvia detenida en su ascenso hacia la nada).

¿En qué sustancia, en que sal, en qué lustrales humos la poesía aprendió a ser eternamente blanca, tan negra como una piedra hecha de agua, tan transparente como una cadera hecha de agua o tan oscura como un caracol hecho del eco de la voz del agua?

Nadie pide un poema como se pide un vaso de agua, pero todos bebemos en ella el canto de la lluvia.

Mas cuando nos han cancelado el pie derecho, cuando todo es espera, cal, pulmones rotos; cuando el día de mañana es una astilla en nuestros ojos, la poesía destila sus presencias diversas y emprende la suma capilar del tiempo que se resume en el instante, donde todo es un hoy en desamparo.

Nada tiene un principio; el pasado es un sueño; el futuro es una cortina negra que oculta nuestro abismo.

Por eso nadie pide un poema como se pide una sombrilla, nadie pide un poema como se piden unos pies o como se pide una taza de asombro para pasar la noche.

Yo amo a la poesía porque no la necesito; la amo por inútil; la amo, sobre todo, porque en su humildad, ella no necesita de los hombres.

Nadie pide un poema como se pide una mirada, pero todos alguna vez hemos dado una palabra como se da una grieta o como se da un espejo para el sueño o una gota de sangre para endulzar la tierra. Porque es innecesaria, porque jamás podrá detener la bala de un sicario, porque es vieja e inútil, porque es pobre, yo amo a la poesía.

martes, 27 de septiembre de 2016

Es 27 de septiembre de 2016 y Letranías cumple nueve años.

Casi una década de compartir autores, fragmentos, sugerir libros, compartir poesía y relatos. Letranías primero fue un blog. Lo sigue siendo. Y lo será. Pero le ha sucedido una alquimia magnífica, humanizándola: Letranías ha dejado de ser palabra para convertirse en hábito, una forma de acompañar la vida, una cita en la agenda de una a dos horas por semana. Ahora Letranías son también las personas que integran los cursos de Historia del Arte y los grupos de lectura “Puro Cuento”. Letranías son las personas que escriben y nos confían sus obras en cada sesión de las Consultorías Editoriales y el taller de Carpintería Poética. Letranías son las empresas e instituciones que, a través de las Consultorías Creativas, buscan darle un giro a su forma de trabajar y de verse a sí mismos para innovar y ser parte de las tendencias actuales.

A la gente que lee, comparte y replica nuestras publicaciones; a quienes se han inscrito a cursos y talleres, a los que no se han ido, a los que vuelven, a los que están por llegar; a nuestros clientes que le han apostado al arte y literatura para generar cambios positivos; a las instituciones que nos han invitado a formar parte de sus proyectos y sus aulas; a todos aquellos que han confiado en nosotros: gracias.

El camino apenas empieza y hay tanta belleza...

Addy Góngora Basterra
Letranías | 9º Aniversario.

lunes, 26 de septiembre de 2016


Banana Yoshimoto (1964). Escritora japonesa.
Tomado del libro "Un viaje llamado vida". (Satori, 2014).

Fui a Australia a fin de recopilar material para mi nueva obra Honeymoon. En realidad, había ideado para esta novela un argumento como si deambulase por Australia; sin embargo, mientras escribía, la situación interna de Japón se volvía cada vez más insoportable, y tal vez eso me hizo centrarme en elementos tales como los jardines y las vistas de Japón.

Creo que el viaje tiene sentido porque precisamente tenemos una vida diaria a la que regresar, excepto cuando uno parte por un largo tiempo. Como al final me centré en los aspectos de la vida cotidiana después del viaje, no llegué a aprovechar mis aventuras australianas en el desarrollo de la novela, pero mi estancia transcurrió en un lugar encantador.

Ya que se trataba de un pequeño alojamiento, no voy a entrar en detalles (se localiza fácilmente si se busca). Era un albergue de estilo japonés en las montañas cerca de Brisbane, donde hicimos noche. El propietario era un monje que se dedicaba a elaborar washi (1). Y su mujer preparaba deliciosos platos japoneses a los huéspedes. Estaba rodeado por un bosque de bananos donde había serpientes y sanguijuelas, un paisaje inimaginable en Japón; pero una vez dentro, era una vivienda japonesa en todos los aspectos. Aunque las habitaciones eran de estilo occidental, estaban decoradas con libros y caligrafías japoneses, de tal manera que me pareció encontrarme en un albergue de las montañas de Nagano o Yamanashi (2). Y, curiosamente, había un baño de madera de ciprés al aire libre que era muy de agradecer para descansar la vista y el cuerpo fatigados del agotador viaje. Mientras reposaba en el agua caliente en medio del aire limpio de las montañas, me llenó de una inmensa felicidad el hecho de ser japonesa. Hasta ese día, yo estaba en la habitación de un hotel y llevaba una vida totalmente distinta a la de Japón, y comía con tenedor y cuchillo, pero ese día en un baño al aire libre… no me parecía real. Sentí que mi cuerpo se relajaba. A fin de cuentas, comprendí que los japoneses tenemos una constitución para andar descalzos en casa, estirar el cuerpo en la bañera, y que nos sientan mejor los alimentos ligeros. Todo esto se entiende mejor cuando uno se encuentra en el extranjero.

Para ir de compras es obligado bajar de la montaña y llegar a la ciudad; cuidar de una plantación de bananos y extraer las fibras de los tallos para fabricar papel es muy laborioso, y la administración de la vivienda y el mantenimiento de la bañera también debe de resultar agotador. Sin embargo, al encontrarme con la cultura japonesa en medio de aquella naturaleza salvaje, aprecié su valor como nunca antes.

Y es que los japoneses poseen una sabiduría maravillosa para vivir en armonía con la naturaleza, al tiempo que no escatiman el trabajo para lograr el bienestar, y mantienen un gran espíritu y aman la belleza delicada. 

Los que vivían en esa casa tenían un rostro realmente lozano. Decidí que, si alguna vez vuelvo a Australia, regresaría a ese alojamiento al final del viaje para refrescarme física y mentalmente antes de volver a casa.

Otra cosa que me impresionó fue el bufé de fritura. En teoría, esa cocina debía ser coreana, pero estaba preparada un tanto al azar en todo, en cuanto a los ingredientes, el modo de cocinarlos y servirlos, por lo que resultaba divertida. Consistía en que los huéspedes se ponían en fila delante de una especie de bufé de ensaladas. Pero ese bufé no era de ensaladas, sino ¡de carne! Una variedad de carne congelada de pollo, cerdo, ternera y cordero cortada en finas lonchas y amontonada en sus respectivos recipientes, de los que cada uno tomaba la cantidad que quisiera. Las verduras estaban dispuestas de la misma manera, y se aliñaban después con diversos aderezos al gusto de cada cual, como sake, sal, salsa picante, salsa de soja, vinagre, pimienta molida y salsa inglesa. Por último, se llevaba ese plato a una enorme plancha redonda debajo de la cual el fuego crepitaba con vigor. Allí estaba un joven coreano saludable y fornido, que tras verter el aceite sobre la plancha, volcó bruscamente todo el contenido del plato sobre ella, lo salteó con una larga espátula de hierro haciéndolo chisporrotear, y con el espectáculo de darle la vuelta hábilmente al salteado lo devolvió al plato. Como se podía repetir las veces que se quisiera, me divertí tanto pensando en todas las combinaciones: cordero, brotes de soja y jengibre, y después pollo, repollo con sal y sake, que al final comí demasiado. Sin embargo, en esta ocasión también reparé del todo en que era japonesa. En comparación con los australianos que me rodeaban, mi aliño era sin duda auténticamente japonés.

(1)  Papel tradicional japonés.
(2) Son las prefecturas de la región de Chūbu, de la isla de Honshū en Japón, que es la cuna de las casas rurales por su geografía montañosa.


lunes, 19 de septiembre de 2016



Juan Guzmán Cruchaga (1895 - 1979).
Poeta Chileno. 

Amante silenciosa de una noche,
fina muñeca de marfil antiguo,
cuando mi cuerpo duerma el sueño largo
recuerda al extranjero que te quiso.

Mi alma estará en la sombra, solitaria,
y en la neblina viviré perdido.
Entreabre las ventanas, y tu lámpara
será como una estrella en el camino.

Entonces en las alas de los pájaros
y en el rayo de luz vendrá mi espíritu
a reír en el agua de la fuente
y a encender la mañana de mis hijos.

jueves, 11 de agosto de 2016

"Los Migrantes" de Andrés Montesanto.
Se encuentra en la Terraza del Muelle Uno en el puerto de Málaga.
En los laterales de la escultura se puede leer "Emigrados" e "Inmigrantes".

Por Julia Mortera.

Pensando en Estela Guzmán y Andrés Silva. Increíbles seres humanos.


Tengo en la mano una cámara de video. Llegamos a una casa de techos de palma. Una mujer se levanta de su hamaca, la hemos despertado de la siesta. Observo mientras escucho una lengua que no entiendo. Mi interlocutor me indica que está lista. Enciendo la cámara, enfoco a la mujer de menos de 1.50 metros de estatura y cabello cenizo. No sonríe. Es diminuta en el encuadre. Le pido a mi interlocutor que le diga a la señora que estoy lista. REC. Grabando.

No habla. Solo mira fijamente el lente de la cámara. No se mueve ninguna de las palmas de la casa. Firme se mantiene frente a mí por más de un minuto. Un silencio cae en todo nuestro entorno. Yo miro a mi interlocutor con confusión, con la mirada le vuelvo a decir: “anda, dile que estoy lista”; pero él me mira sonriendo, como diciendo “dale su tiempo”.

Un quejido rasga el silencio. Del dolor de su interior surge una voz que se quiebra. Los brazos se levantan y se extienden, como queriendo tomar de mi cámara de video a esa persona a quien le habla en esa lengua que no comprendo. No sé lo que dice, pero su voz, su mirada, sus manos estiradas desde aquella postura congelada, me estremecen. Le habla a un hijo que se fue hacia un país del norte, a un hijo que no ve hace más de doce años, a un hijo que se hace presente en los alimentos de las comidas del día que son posibles por el cambio de divisas.

De un latigazo la mujer detiene el mensaje. Vuelve a congelarse en postura firme, aún mirando hacia la cámara. El silencio nos envuelve otra vez. REC. Dejo de grabar. Mi interlocutor se acerca a darle la mano y a decirle algo que asumo como una despedida y un agradecimiento. La mujer me levanta la mano en signo de despedida. Le sonrío.

Mientras ella vuelve a su hamaca, nosotros subimos al coche. Mi interlocutor y yo nos sentimos abrumados. Hay un lenguaje universal que no necesita de traducciones: el de las emociones.

II 


Elizangela lleva horas esperando para entregar la documentación que le dará legalidad en un país que no es el suyo, con esto espera recibir el permiso que le otorgará derechos en un lugar del mundo en el que no nació. Ésta es la cuarta vez que visita la dependencia. La primera vez fue a pedir información sobre la documentación a presentar. La segunda vez fue a presentar la documentación que le solicitaron en la primera visita; llegó una hora antes de la apertura para tomar un turno, esperó seis horas para que, cinco minutos antes de las dos de la tarde, una señora le cerrara la ventanilla en la cara y le dijera: “vuelve mañana, hemos terminado la jornada”. La tercera vez llegó tres horas antes de la apertura de la dependencia, tuvo suerte para ser atendida, solo para enterarse que los documentos no contaban con el sello especial del cual no le informaron en la primera visita. Ésta es la cuarta ocasión y estoy junto a ella, en mi segunda visita a la misma dependencia. Me cuenta lo ocurrido y me sorprendo, especialmente por su entusiasmo y su sonrisa. La cuestiono, le pregunto por qué no dijo nada, por qué no se quejó, por qué no reclamó. Con su español, marcado por un acento rumano me explica que de haberlo hecho sería peor, entonces le pondrían más trabas, le darían más largas, le informarían la mitad de las cosas, la mirarían con más supremacía, harían lo posible por postergar sus derechos. Ambas nos miramos con entendimiento. Aún así, con indignación le digo que aquellas personas tendrían que irse de su tierra para ser un poco más empáticos y respetar más el tiempo y la integridad de quienes somos ciudadanos del mismo mundo. Ella, sonriendo me mira de nuevo con fuerza para decirme: “no tienen el coraje”.

III 


Andrés es mi amigo. Compartimos nuestro idealismo por vivir en un mundo más justo. Somos soñadores y, como soñadores hablamos de lo que amamos de la vida y lo que despreciamos de los hombres. También hablamos del camino y de lo difícil que a veces resulta recordar que somos seres humanos; ambos evitamos convertirnos en seres sin razón ni emoción.

Nos hicimos amigos hace tiempo, cuando yo desconocía a dónde iba a llevarme la vida. En nuestras conversaciones solía decirme: “Migrantes somos y en el camino andamos”. Lo decía porque, para los dos, la vida ya era un constante ir y venir, un constante empezar de cero, un constante hola y adiós. Decir ese “mantra” era una óptica para entender que la vida “da muchas vueltas” y que mañana podríamos ser aquella persona a quien no le tendimos la mano; decir “migrantes somos” era, y aún es, asumirnos como seres dispuestos a buscar mejores condiciones y oportunidades para conquistar nuestros sueños de soñadores; es entender la palabra “migrante” como un sinónimo del ser humano que lucha para alcanzar su felicidad, aunque implique tener que dejar atrás. “En el camino andamos”, porque así es, todos los días, todos nosotros, emprendemos un camino, hacia un trabajo, hacia una escuela, hacia un pueblo, hacia un lugar… andamos por las diferentes calles de las miles de ciudades, de los cientos de países que conforman un mismo mundo que es redondo.

Hace mucho que no veo a Andrés, pero por nuestra natural condición migrante, sé que lo encontraré de nuevo para compartir nuestros sueños de soñadores, hablar de nuestras experiencias por nuevos caminos, con nuestro corazón más ensanchado, para luego despedirme de nuevo con la certeza de que quien se va, se queda para siempre… “Migrantes somos y en el camino andamos”.

IV 


Soy del país de los extranjeros
de los huérfanos de patria
a los que miran raro porque hablan distinto
de los “sin papeles”, de los “friega platos”.

Soy del país de los extranjeros
de los que viven en nostalgia
de la música que les remite a casa
de los que cargan en maletas esperanza por volver.

Soy del país de los extranjeros
de los que hablan otras lenguas para poder comer
de los que buscan un rincón tranquilo para soñar
de los exiliados, de los perseguidos.

Soy del país de los extranjeros
soy Israel y Siria
soy el aliento del niño ahogado en el Mediterráneo
soy la piel abierta de la mujer en el desierto mexicano
soy el moro entre cristianos,
el mojado, la sudaca, la gitana.

Soy del país de los extranjeros
aquel que no tiene limites geográficos
que no conoce entidades federativas
aquel que existe y se conforma
con la población del mundo.

Soy del país de los extranjeros
de los que en silencio gritan “¡Soy tu misma especie!”
y mis oídos sienten el desprecio en tu voz
y mis ojos ven tus muecas por el olor de mi cansancio
y tengo hambre y tengo sueños
y quiero una vida digna como la tienes tú.

Soy del país de los extranjeros
y tengo, como tú, habitante de otro país
amor por una madre y un hermano.
¡Extraña especie con razas y sin razón!
doliente género constructor de estrechos.

Soy del país de los extranjeros
tenía una casa que fue destruida por bombardeos
y mis niños tenían jardines que hoy son escombros
en un lugar del que tú también habrías huido.

Soy del país de los extranjeros
y vivo en la voluntad de pocos hombres y mujeres
que alzan por mí su voz
que no miran el color de mi piel
y que luchan por mis derechos sin conocerme.

Soy del país de los extranjeros
y diviso una estela de esperanza en el camino
en el trabajo de esos cuantos habitantes de otros países
que miran en la profundidad de mis ojos de extranjero
la misma condición de humanidad que todos compartimos.

· juliamortera74@gmail.com ·
 

lunes, 8 de agosto de 2016

Estatua del poeta portugués Fernando Pessoa, frente al emblemático café "A Brasileira" en el Chiado, Portugal. 

Eugenio Montejo (1938–2008).
Poeta Venezolano, quien ejerció cargos diplomáticos en Portugal.

A Rafael Cadenas

La estatua de Pessoa nos pesa mucho,
hay que llevarla despacio.
Descansemos un poco aquí a la vuelta
mientras vienen más gentes en ayuda.
Tenemos tiempo de tomar un trago.

Son tantas sombras en un mismo cuerpo
y debemos subirlas a la cumbre del Chiado.
A cada paso se intercambian idiomas,
anteojos, sombreros, soledades.

Démosle vino ahora. Pessoa siempre bebía
en estos bares de borrosos espejos
que el Tajo cruza en un tranvía sonámbulo
¿Por qué no va a beber su estatua?

Con todo el siglo dentro de sus huesos
vuelto ya piedras llenas de saudades,
casi nos dobla los hombros
bajo el silencio de su risa pagana.

No hay que apurarse. Llegaremos.
Lo que más cuesta no es la altura de su cuerpo
ni el largo abrigo que lo envuelve
sino las horas del misterio
que se repliegan pétreas en el mármol.
Cuanto a diario soñó por estas calles
y desoñó y volvió a soñar y desoñar;
el tiempo refractado en voces y antivoces
y los horóscopos oscuros
que lo han cubierto como una gruesa pátina.
Alzar solo su cuerpo sería fácil.
Aunque se embriague no pesa más que un pájaro.

viernes, 5 de agosto de 2016


Por Julia Mortera.

Las imágenes que acompañan este texto forman parte de la instalación "The key in the hand" de la artista japonesa Chiharu Shiota, presentado en la Bienal de Arte de Venecia de 2015. Esta pieza se refiere a los recuerdos que se guardan en la memoria mediante la composición de un cielo rojo hecho de hilo rojo, dos barcas y más de cincuenta mil llaves recopiladas por diferentes personas del mundo. ¿Cuántos espacios y momentos no habrán protegido todas esas llaves? La artista también reflexiona: "Las llaves nos inspiran a abrir las puertas de mundos desconocidos".
Que mis llaves contribuyan siempre a abrir puertas en la inmensidad del mar.


Una de las muchas razones por las cuales me gusta la poesía es porque permite iniciar la lectura desde el poema que se decida. Así me aventuré a conocer lo no tan conocido de Pablo Neruda, por lo menos para mí en aquel entonces. Es cierto que al principio iba buscando el muy pronunciado poema número veinte de su obra “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”: Puedo escribir los versos más triste está noche… leía una y otra vez.

Con el paso de los días avanzaron también las páginas y, con ellas el descubrimiento de las diversas temáticas de Neruda en su producción literaria. Recuerdo con especial gusto su “Oda a las cosas”, “El mar” y “Pido silencio”. Por poemas como esos fue naciendo en mí el gusto por temáticas cuya idea central no era el amor, sino el asombro por lo cotidiano o, muy especialmente, la denuncia de los acontecimientos sociales del entonces.

Muy particularmente me enamoré de “El barco”, que es en realidad lo que quisiera compartir hoy. Lo relevante de la literatura, como cualquier otro medio de expresión del arte, es lograr dar al mundo piezas con un sentido de actualidad que por su valor conceptual y estético, hacen que en el hoy reflexionemos. Quise guardar en la memoria este poema porque me conmovió, y porque cuando lo leí hace casi diez años comenzaba a interesarme en un tema que sigue siendo polémico: la migración.

Recurro como título de este texto a la frase que Addy utiliza para este blog porque hoy, recurriré a las letras de Neruda, que han servido de reflexión para algunas letras mías que compartiré la semana entrante.

· juliamortera74@gmail.com ·


“El barco”

Pero si ya pagamos nuestros pasajes en este mundo
¿por qué, por qué no nos dejan sentarnos y comer?
Queremos mirar las nubes,
queremos tomar el sol y oler la sal,
francamente no se trata de molestar a nadie,
es tan sencillo: somos pasajeros.

Todos vamos pasando y el tiempo con nosotros:
pasa el mar, se despide la rosa,
pasa la tierra por la sombra y por la luz,
y ustedes y nosotros pasamos, pasajeros.

Entonces ¿qué les pasa?
¿Por qué andan tan furiosos?
¿A quién andan buscando con revólver?

Nosotros no sabíamos
que todo lo tenían ocupado,
las copas, los asientos,
las camas, los espejos,
el mar, el vino, el cielo.

Ahora resulta
que no tenemos mesa.
No puede ser, pensamos.
No pueden convencernos.
Estaba oscuro cuando llegamos al barco.
Estábamos desnudos.
Todos llegábamos del mismo sitio,
Todos veníamos de mujer y de hombre.
Todos tuvimos hambre y pronto dientes.
A todos nos crecieron las manos y los ojos
para trabajar y desear lo que existe.

Y ahora nos salen con que no podemos,
que no hay sitio en el barco,
no quieren saludarnos,
no quieren jugar con nosotros.

¿Por qué tantas ventajas para ustedes?
¿Quién les dio la cuchara cuando no habían nacido?

Aquí no están contentos,
así no andan las cosas.

No me gusta en el viaje
hallar, en los rincones, la tristeza,
los ojos sin amor o la boca con hambre.



No hay ropa para este creciente otoño
y menos, menos para el próximo invierno.
Y sin zapatos ¿cómo vamos a dar la vuelta
al mundo, a tanta piedra en los caminos?

Sin mesa ¿dónde vamos a comer,
dónde nos sentaremos si no tenemos silla?
Si es una broma triste, decídanse, señores,
a terminarla pronto,
a hablar en serio ahora.

Después el mar es duro.

Y llueve sangre.

sábado, 30 de julio de 2016

"El poeta es un pequeño Dios"


Vicente Huidobro (1893–1948).
Poeta chileno.

Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.

Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
el adjetivo, cuando no da vida, mata.

Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza:
el vigor verdadero
reside en la cabeza.

Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!
hacedla florecer en el poema;

Sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el Sol.

El Poeta es un pequeño Dios.

De "El espejo de Agua", 1916.

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