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miércoles, 12 de agosto de 2015

De lo privado al escenario del mundo

Portada del libro.

Por Zulai Marcela Fuentes*
Tomado de La Jornada Maya 

Uno no puede dejar de preguntarse a qué hora escribía Alfonso Reyes tanta carta. ¿Cómo se daba tiempo para realizar su obra gigantesca con tanto trabajo diplomático y, al mismo tiempo, ser un devorador de cartas y un puntual corresponsal?

A raíz de mi traslado a Mérida en 2007 quedó la tarea pendiente de averiguar si entre esos cientos y cientos de corresponsales de Reyes estaban los yucatecos Antonio Mediz Bolio y Ermilo Abreu Gómez. La consigna se había quedado en la ciudad de México, como tantos otros pendientes. Fue así como Alfredo Tapia emprendió la visita a la Capilla Alfonsina para salir de dudas. En esa grata ocasión y plática con la nieta de don Alfonso, la Dra. Alicia Reyes, salió a relucir que sí, en efecto, en las gavetas del archivo personal de su abuelo existían legajos enteros de copias al carbón con el diálogo epistolar de estos escritores nacidos a fines del siglo XIX en la península de Yucatán. Comenzó entonces la emocionante tarea de revisar y solicitar fotocopias de todos los documentos: oro molido para nuestras intenciones. Esas cartas habían esperado casi cinco décadas para ser desentrañadas. Vino así el desciframiento, la transcripción y con ello la investigación documental e iconográfica; para ello había que consultar el Archivo Histórico de El Colegio de México y el Archivo Histórico Genaro Estrada de Relaciones Exteriores que generosamente permitieron el acceso a sus acervos.


Los epistolarios son parte importante de la obra de un escritor: se puede precisar aspectos de su biografía, establecer las motivaciones originales de sus proyectos, la relación con otros escritores de su época, además, ayudan a una mejor comprensión de sus ideas para una valoración exacta de su trabajo. La correspondencia es un diálogo que al establecerse como documento histórico revela el sistema de conexiones entre los interlocutores. Es parte de la vida privada del autor, pero a la vez se trata de textos que permiten conocer las opiniones, proyectos, intenciones, deseos y realidades de las que participan el remitente y el destinatario. Los epistolarios, como documentos, abren una posibilidad infinita de conocimiento del emisor, de ahí que tengan un carácter autobiográfico de su trabajo intelectual, ya que son emitidos en el momento en que realizan su obra y, por ello, aportan elementos importantes para su estudio. Son, podemos decir, una especie de la “constancia del vivir”, como lo señalaba el poeta Juan Gil-Albert de las memorias o autobiografías.

Fueron muchas las peripecias en el camino que tuvieron que recorrer estos libros, pues aunque ya el proyecto había alcanzado sus últimas etapas, como ya se dijo, la investigación, la reunión del material y la difícil transcripción de las misivas –muchas de ellas escritas a mano– aún faltaba revisar el proceso de anotación y realizar la integración de los textos; hacer el libro, definir los criterios de su edición. Un año después, en 2009, se presentó a dictamen un borrador de las obras al entonces Instituto de Cultura de Yucatán, pero no fue sino unos meses antes de la celebración del Bicentenario, en 2010, que nos avisaron que el proyecto había sido aprobado. Fue así como tuvimos que sacudirnos el marasmo tropical y poner manos a la obra con la edición y la preparación de los manuscritos para comenzar el diseño y la formación. 

4ta de forros.

Emprendí largas caminatas desde la Catedral al barrio de Santiago, a casa de la diseñadora que se encargó del primer volumen. Muchos atardeceres ocurrieron en esta etapa de formación editorial. Al mismo tiempo, busqué coeditar con la UNAM a través del CEPHCIS, cuyo dictamen nos fue favorable, pero cambios en la administración retrasaron el proceso y transcurrió otro año más. Por si fuera poco, a fines de 2011 el ICY dejó de ser Instituto de Cultura para convertirse en Secretaría de la Cultura y las Artes, y allí se detuvo todo de nuevo. A esto hay que añadirle que en el estado de Yucatán hubo cambio de poderes en la gubernatura y así transcurrieron dos años más de esta infinita espera.

No fue sino en 2014, en el marco de la FILEY, que se presentó Alfonso Reyes-Antonio Mediz Bolio. Correspondencia 1921-1957, tras una espera de cuatro largos años. Hacer libros tiene gozos y penas; pero esa es, antes que nada y después de todo, nuestra razón de ser. A los cinco meses, con mucho menos parsimonia y hasta con prisa, se terminó el epistolario de Reyes con Ermilo Abreu Gómez, más voluminoso y completo que el primero. Hoy podemos decir que juntos continúan la publicación de la obra epistolar de Alfonso Reyes, el más grande de los humanistas mexicanos. Labor que fue construyendo a lo largo de su vida, de su intensa vida, y que desarrolló al par de su inmensa obra crítica y de creación, tan vasta y fundamental.

En la clasificación que establece Javier Garciadiego de los epistolarios alfonsinos como fundamentales, particulares y marginales, habría que agregar la de aquellos epistolarios en que el diálogo cruzado entre Reyes y su interlocutor arroja más datos sobre éste, ya que pueden servir como documentos para situarlo y entender el contexto de algunos aspectos de su vida, obra y pensamiento. Posiblemente éste sea el caso de la correspondencia de Reyes con Antonio Mediz Bolio y con Ermilo Abreu Gómez. Dos correspondencias en las que se expresan los lazos personales y afectivos, el intercambio literario y el diálogo sincero entre el humanista mexicano y dos escritores yucatecos.

Finalmente, quiero recordar al propio Reyes cuando escribió: “Sin el estudio de las cartas, la cultura en general (tesoro espiritual acumulado por las generaciones), la historia, la biografía, las letras, presentan zonas de silencio o, a veces, carecen de explicación. Ellas, como decía el Dr. Johnson, nos permiten apreciar los actos en sus motivos, los sistemas en sus elementos. Sin contar con el deleite desinteresado de viajar por estos paisajes interiores del hombre que sólo las cartas nos franquean”.

*Zulai Marcela Fuentes. Escritora, traductora y editora nacida en la Cd. de México, radicada en Mérida

Alfonso Reyes-Antonio Mediz Bolio. Correspondencia (1921-1957) y Alfonso Reyes-Ermilo Abreu Gómez. Correspondencia (1922-1958). Edición, presentación y notas de Zulai Marcela Fuentes y Alfredo Tapia Sosa, Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1ª. edición, 2013. 

Estos libros acaban de ser presentados en el Centro Cultural José Martí del Ayuntamiento de Mérida, con la participación de la Dra. Maricruz Castro Ricalde y los compiladores, el pasado viernes 7 de agosto. Ambos pueden adquirirse en la librería de Sedeculta, calle 18 No. 204 x 23 y 25, Col. García Ginerés (Parque de Las Américas), en Mérida, Yucatán.
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