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jueves, 14 de marzo de 2013

Leyendo 929 páginas: De “Palinuro de México” a Letranías




Gracias a todos los amigos y lectores que compartieron con Letranías
algo que vivieron mientras leían un libro. En el texto que a continuación transcribo
están publicados todos los "testimonios" que recibí.


Por Addy Góngora Basterra

En los últimos días de enero del año 2012 recibí por correo electrónico un mensaje que venía desde Buenos Aires. Eran palabras entrañables de un amigo de ojos claros, quien además de lo que tenía que decirme transcribió párrafos del libro “Palinuro de México” del escritor mexicano Fernando del Paso. Leí el fragmento de un solo trago. Pero me quedé con sed y volví a leerlo. Y lo vuelvo a leer.

Hacíamos el amor compulsivamente.
Lo hacíamos deliberadamente.
Lo hacíamos espontáneamente.
Pero sobretodo, hacíamos el amor diariamente.
O en otras palabras, los lunes, los martes y los miércoles hacíamos el amor invariablemente.
Los jueves, los viernes y los sábados, hacíamos el amor igualmente.
Por último los domingos, hacíamos el amor religiosamente.
O bien hacíamos el amor por compatibilidad de caracteres, por favor, por supuesto, por teléfono, de primera intención y en última instancia, por no dejar y por si acaso, como primera medida y como último recurso.
Hicimos también el amor por ósmosis y por simbiosis: a eso le llamábamos hacer el amor científicamente.
Pero también hicimos el amor yo a ella y ella a mí: es decir, recíprocamente.
(…)
También lo hicimos de pie y cantando, de rodillas y rezando, acostados y soñando.
Y sobre todo, y por la simple razón de que yo lo quería así y ella también, hacíamos el amor voluntariamente.

Cuando mi amigo de ojos claros se separó de quien fuera su gran amor,  envió por mail este fragmento a sus amigos, anunciando la ruptura, para que todos entendieran lo que él estaba sintiendo. Fue su despedida.

De inmediato le contesté. Le agradecí la lectura que me había obsequiado y le dije que compraría el libro. Así que pocas horas después llegué a una librería preguntando por el título temiendo que no lo tuvieran. Pero sí lo tenían. En menos de un minuto apareció el vendedor, con su emblemática camisa amarilla, acercándome el ejemplar. Recuerdo que al ver la cantidad de páginas pensé… ¿cuántas cosas viviré mientras leo este libro? y barajándolas llegué a la última: 929. Entonces, sin haberlo pagado todavía, escribí en la contraportada:

31|01|2012
¿Cuánta vida nuestra
puede pasar
en 929 páginas?

Hacer un recuento de todas las cosas que he vivido desde aquel martes es asignatura pendiente. Quedará para otra ocasión. Porque lo que quiero compartir ahora se refiere, precisamente, al hecho mismo de la vida que acontece mientras leemos.

No conforme con el privado ejercicio de la escritura y con el silencio que, para muchos, nos conlleva leer, en septiembre del año dos mil siete se me ocurrió hacer pública y escandalosa una locura que con el transcurrir de los años se ha vuelto parte de mis actividades cotidianas: Letranías.

Pero, ¿qué es Letranías?

Primero fue una palabra que me persiguió durante años. Letranías. Letranías. La repetía, la echaba a rodar, se me enredaba en el cabello, rebotaba en los espejos, se desprendía de los árboles y se iba volando, la veía aletear… Letranías, Letranías… yo misma también me preguntaba... ¿qué es Letranías?

Hasta que decidí que sería un espacio virtual donde estaría la vida que me gusta, la vida volcada en creatividad. Así es como inició el deseo por compartir literatura con personas cercanas a mí y que no tenían el hábito de la lectura. Para entonces estaba lejos de México y Letranías era una manera de estar, día a día, cerca de mi gente, de mi familia, de mis amores, “óyeme con los ojos, ya que están distantes los oídos”, como escribiera Sor Juana. Las palabras eran una forma hacerme presente en mi tierra.

Sin más interés que el de compartir hermosura, lo que inició como un proyecto para mis amigos y mi familia en el 2007, se ha desbordado a varios países y a una cantidad de personas que jamás me hubiera imaginado. Con pequeñas dosis de lectura, música y arte, Letranías ha acompañado la vida de personas con la complicidad del correo electrónico, del blog, Facebook, Twitter y todo lo que la tecnología permite.

Fue así como un día, en respuesta a alguno de las publicaciones, recibí agua de mi propio chocolate con el fragmento que mi amigo de ojos claro me mandó. Me pregunto, si alguna vez, personas que leen Letranías habrán tenido el deseo que yo tuve: querer leer más.

Cada vez que recibo algún comentario sobre el post del día, algo en mí se regocija, porque me doy cuenta de que la lectura puede generar cambios positivos en la vida de las personas. Y también me llena de preguntas, como por ejemplo: ¿Y si dejáramos de ver a la lectura como una forzada actividad con el objeto de “educar” o “dar conocimiento” y empezáramos a verla como una experiencia de vida? Hay quienes leen para estudiar; hay quienes leen para acompañarse. Ambos aprenden. ¿Pero en dónde está la diferencia, en el deber y el placer?

Leyendo Palinuro he aprendido sobre asuntos que de manera independiente no se me hubiera ocurrido investigar. He aprendido por placer. He sonreído mientras leo disfrutando el gozo de cada una de las serendipias que he tenido en esas 929 páginas. ¿Saben lo que significa esa palabra? La serendipia es un descubrimiento, una revelación inesperada que se nos aparece en el camino cuando estamos buscando otra cosa. Por lo tanto, me atrevo a decir que la lectura es la fiesta de las serendipias.

No sé cuánto tiempo pasaré leyendo a Palinuro. Pero tengo la intención de que esas 929 páginas estén conmigo toda la vida. Es un libro laberinto porque no puedo salir de él: me pierdo a propósito. Mientras, leo otros libros, voy al trabajo, me enamoro, riego las plantas, oigo música, mi arbolito del patio reverdece, leo a Palinuro, preparo mis clases para la facultad, empiezo dietas que nunca cumplo, veo nadar a mi tortuga, empiezo mi tesis de maestría, me crece el cabello. Y sigo leyendo Palinuro.

Así que por eso, tras esta breve experiencia personal y de la vida que he sentido que pasa mientras leo, decidí involucrar a los lectores de Letranías para que vinieran conmigo el día de hoy. Traje sus palabras. Hace dos noches publiqué una convocatoria pidiendo, a quien quisiera, que me compartiera algo que les hubiera pasado mientras leían un libro. Los invité porque, de alguna manera, nos hemos acompañado en los últimos años a través de las palabras. Y porque además, Letranías existe por lectores como ellos.

Con la intención de darle papel protagónico al hecho de que los libros son parte de la vida cotidiana, nos habitan, son solidarios y siempre están dispuestos a seguir adelante, leeré algunos “testimonios” que me compartieron:

Era domingo cuando terminé de leer “La eternidad por fin comienza un lunes” y frente al mar de Chixchulub dejé partir algunas ilusiones.
Minerva Canto

Leí “David Copperfield” de Dickens, mi primer libro sin ilustraciones, acostada en el frío piso de mi habitación buscando contrarrestar el intenso calor de mayo de Yucatán. 
Mariana Bernés

Cuando leí “Memorias de Cleopatra” de Margaret George estaba por cumplir 15 años. Durante la planeación de la fiesta, yo estaba inmersa en Egipto y Marco Antonio.
Laura Méndez

Mientras navegaba en el velero de Isla Mujeres a Puerto Morelos leí "Los Aires Difíciles".
Sofía Ayora Talavera

Mientras leía "La Identidad" recordaba a mi novio quien se encontraba en Cancún, ¡hace un mes que no lo veía!
Lenny Ynnel Aguilar Ruiz

Cuando leí “Momo” se me perdieron varias horas.
Leer “Les pays lointans” de Julie Green recién casada en Hawai, fue un viaje fantástico.
Leer a Kafka en un viaje en tren de París a Leningrado en los 80´s en pleno invierno, viendo campos nevados por tres días, fue una experiencia inolvidable. O terminar de leer “Diez negritos” a las once de la noche a los doce años me dejó sin dormir toda la noche.
Tatiana Zugazagoitia

Leía “La prohibida” de Malika Mokeddem cuando estaba en medio de mi propio desierto y con una luna inmensa reflejada en el Río de la Plata.
Martha Moreno

Mientras leía “Las Ciudades Invisibles” de Italo Calvino, comencé a pintar un serie de ciudades inventadas que me llevaron varios años de mi producción, experiencia que compartí con mucha gente que me escribieron sus ciudades ficticias para yo plasmarlas en lienzos y papel, hasta la fecha sigo recurriendo a mis ciudades motivadas por Calvino. Mi hermano Arturo, realizo atmósferas musicales de un minuto cada una de una veintena de estas pinturas.
Ariel Guzmán

Cuando leí "La cabaña del tío Tom", de niña, me empaché de chamoy. "La Cruz y la Espada" de Eligio Ancona fue el primer libro que leí en la tableta android...
María Teresa Mézquita Méndez

Recuerdo que leí casi todo "Harry Potter y el prisionero de Azkaban" a escondidas, bajo un escritorio. 
Verónica Canto Martínez

Leí "El viaje del elefante" de Saramago cuando hice el viaje más extraordinario con las personas más extraordinarias de mi vida.
Alicia Ayora.
 
Mientras leía el arte de amar de Erick Fromm mi primo hermano me comentó que iba a divorciar y se lo regalé.
Gissela

Cuando empecé a leer "los ojos de mi princesa" me encontraba en la playa. 
Mabel Aguirre


Recién terminé de leer "El Quijote", me fui a España, los "Cuentos de la Alhambra" provocaron mi obsesión por el misterio, mi regreso a México, en un avión con muchas escalas, "El amor en los tiempos del cólera", eso fue en 1986.

Arturo Guzmán
Participo en un círculo de lectura. Vamos por la mitad de la primera cantiga de La Divina Comedia, al tiempo que demando al gobierno del Estado de Yucatán y sobrellevo la consecuente represalia en el campo laboral. Atravieso el Inferno de más de una manera.
Fernando de la Cruz

Apenas hace unos meses a mis 41 años leí “Cien años de soledad”. Terminé las ultimas paginas en mi cama con toda la casa "dormida" (mis dos hijos y marido) y yo sin poder cerrar el libro hasta que lo termine como a las dos de la mañana (eso es mucho en los USA donde no hay desvelos casi). Me tardé un par de meses en leerlo, por falta de tiempo... Lo intente leer a mis diez y tantos años y simplemente no me "atrapó" y lo catalogue como un libro aburrido (solo por las primeras páginas que leí). Hace unos meses me lo pasó un señor cubano, de esos raros que hay en mi ciudad (Berkeley, California) que me dijo cuando me vio: "te lo paso" (sin ser más que un conocido) que porque él ya lo había leído (y sabe que yo hablo español, el libro está en español). Me pareció que era una señal que ahora SÍ TENIA QUE LEERLO. y lo hice! :) ¡me encantó! (aunque el final ya demasiado LOCO me desilusiono un poco...)
María Elena, La Beba.

Sinue el egipcio me acompaño todos los días en el metro en un largo trayecto para encontrarme con el amor y a la par se iban tejiendo las historias y descubrí como mucha gente al igual que yo ocupaba esos momentos en el metro para viajar leyendo y vivir cada uno mil historias paralelas.
Berenice Rangel


Mientras cruzaba el océano, leí "El diario de Ana Frank".
Carolina Caballero

Leí “Cien años de soledad” durante el trayecto en autobús de Guadalajara a Tijuana. Fueron dos noches de lucecitas opacas y amarillas, pero no en tinieblas, que Macondo se me iba como el deseo y yo detrás de él a punto de tocarlo, y así sigo, ¿cien años más?
Sara Poot-Herrera

Descubrí el desamor y los deseos prohibidos leyendo los Versos satánicos de Salman Rushdie. Volví a encontrar y a disfrutar del amor leyendo El Viaje del elefante de José Saramago.
Dora Ayora

Cuando siento que me faltan respuestas, vuelvo una y otra vez al El llano en llamas. Leyendo Monteiro Lobato me di cuenta que mi sobrino de 5 años que todavía desconoce las letras también estaba leyendo su libro imaginario.
Ademir N. de Camargo

Sin haberlo leído nunca una noche soñé que escribía "El señor de las moscas", entero, tal cual.
Noé Jitrik

Mientras leía "Antes que anochezca" estaba instalándome en mi nuevo hogar de Mérida.
Lourdes Jiménez Bartlett

Como regalo de Navidad, me compré "El Quijote" para leerlo en su 400 aniversario; llegué al punto final la madrugada de mi cumpleaños. La última vez que leí "Pedro Páramo" lo hice de en voz alta y de un solo golpe, para mi hijo y la mujer que amo; me llevé todo el día en ello y nos agarró de tal forma que no nos levantamos ni siquiera para desayunar sino hasta las 7 de la noche. La única vez que me han arrebatado un libro de las manos para hacerme el amor, leía "Piedra de Sol"; estaba justo en la parte que dice: "voy por tu cuerpo como por el mundo,/ tu vientre es una plaza soleada,/ tus pechos dos iglesias donde oficia/ la sangre sus misterios paralelos".
Sebastián Liera

Mientras leía "El amor en los tiempos de cólera", el mar sonrió tibio en la distancia. Y mis hijos con él.
Ángeles Mastretta

En el año 2001, mientras leía el libro “Nunca más” que trata sobre los desaparecidos por el golpe militar de 1973, conocí a mi gran amor, el hijo de un desaparecido.
Ariel

Cuando leía el libro "En el camino de Jack Kerouac" me perdí caminando por un lado de la ciudad, así comprendí lo divertido que es estar en movimiento, sin rumbo fijo y en busca de "algo"...
Orlando Domínguez

Sentí los brazos de mi mami en mis hombros, como me abrazaba cuando estaba aquí con nosotros. El libro fue "Los pilares de la tierra".
Mirna Elena Góngora González

Usé el primer párrafo distorsionado de Cien Años de Soledad para iniciar una crónica sobre un caso sospechoso de influenza AH1N1 mientras miraba hacia la casa de García Márquez del otro lado de la bahía, durante unos días que pasé en Cartagena. Pero nunca he leído el libro completo. Referí a Carpentier y su Reino de este Mundo de forma inevitable para otra crónica después de haber pasado cuatro días en Haití a un año del terremoto. La ironía está en que del libro que no leí usé prácticamente un fragmento y del que sí leí y me fascinó, una referencia entre líneas. Otro: Leí La Metamorfosis de Kakfa a los 8 años, por accidente. No lo comprendí del todo, pero me dio por meterme debajo de la cama a pasar ratos enteros, solo, sobre todo cuando me sentía molesto.
Luis Roberto Castrillón

Aprendí a conocer y a querer a una amiga mucho más cuando leí "Cantos para ser Contados".
Sonia Corp

El libro que más me gustó fue "Estudio en Escarlata" de Arthur Conan Doyle, lo leí en el coche de mi papá mientras íbamos camino a la escuela, ahí fue mi primer contacto con Sherlock Holmes, personaje que marcó mi vida para siempre, haciendo amante del misterio, de su traje y de su sombrero, inventado historias de detectives en donde siempre Holmes salvaba el día con su singular deducción y ahí fue donde nació otra gran pasión El Violín, por Holmes, decidí aprender a tocar ese bello instrumento. "Adapta las teorías a los hechos, en vez de los hechos a las teorías"
Beatriz Abigail Rosado Marrero

Eran mis últimos días de estancia por estudios en Barcelona, España. Había quedado tan encantada con la ciudad, hechizada mejor dicho, que en realidad no quería despedirme. Por esos días, una compañera que conocí durante ese tiempo, Iraní, nacionalizada Noruega, me recomendó un libro titulado "La sombra del viento" de Carlos Ruiz Zafón. Compré el libro y me lo traje a Mérida. Al leerlo, me di cuenta que la trama estaba ambientada en Barcelona, con descripciones melancólicas de diferentes lugares de la ciudad, a la cual, el autor decidió llamar "Barcelona, mujer caprichosa". Tan cierto, que quedé enganchada al libro y al autor, sobre todo al imaginar los lugares que mencionaba. Algún día regresaré, bajo los caprichos de la magnífica y poderosa Barcelona.
María Sauri

Leía "Aura" de Carlos Fuentes cuando decidí estudiar Artes Visuales.
Clarissa Alamilla

Leía "ensayo sobre la ceguera" de Saramargo cuando mi mejor amigo y yo descubrimos un nuevo lenguaje común. Leía "el laberinto de la soledad" de Octavio paz, cuando mi alma vivió la metamorfósis que le dio sentido a mi vida.
Isela Altamirano

Leí “El quinto día” de Frank Schatzing mientras pasaba un mes en reposo absoluto con collarín.
Susana Ramos

Mientras leía los relatos de "Música de cañerías" vivía en uno de aquellos cuchitriles citadinos que se suelen llamar cuartos de servicio, y algunas fornidas mujeres de voz ronca ofrecían dudosa compañía en la calle de abajo.
Miguel Ángel Canto Peraza

Leí La montaña mágica de Thomas Mann durante mi luna de miel con Ariadna en Europa y diez años después aún relaciono los capítulos con ciertos días memorables de aquel viaje.
Carlos Martín Briceño

Cuando adolescente leí “El lobo estepario” de Hesse para quedar bien con mi maestro de literatura, quería que viera lo inteligente que yo era jajajaja. Cuando rompimos mi pareja y yo leí toda la antología de Galeano, porque Galeano me lo recordaba. Las lecturas más disfrutables las tuve en Komchén de los Pájaros con Ana María ahí leí “La filosofía Perenne” de Aldous Huxley.
María Herrera Páramo

Era mediodía y llovía... 20 de Septiembre... mi 25 cumpleaños... siempre llueve por esos días en Cuba... también ese día en Varadero... aproveche que los demás dormían su siesta y eché a caminar junto al mar un gran trecho... así fue que después de largo deambular entre lluvia, arena y mar... y a la entrada de la ciudad descubrí una librería… Por ese tiempo, en los 60, en Cuba se publicaba infinidad de libros que se adquirían por muy bajo precio... fue así que me impacté de frente con Los Heraldos Negros. Nunca había oído mencionar a Cesar Vallejo... y ese encuentro fue tan profundo...un placer que dolía de forma tal, que hoy puedo recordar y sentir las sensaciones de ese momento. Leí el tomo completo, de pie, helada por la lluvia, porque no llevaba conmigo los 50 centavos de su costo... quedaban dos ejemplares y temía irme y postergar ese encuentro indescriptible...  Regresé al hotel, volví a la librería, en el almacén quedaban seis ejemplares. Adquirí los ocho y de vuelta a La Habana conecte Al Cholo con mis amigos más entrañables.
Miriam Herrero

Leía “La frontera de cristal” mientras me iba de excursión a México.
Paula Barragán

Un libro que transformó mi vida y que a lo mejor para la gente de elite literal muy elevado no signifique mucho fue "El camino de la autodependencia". Este libro accedió y venció muchos paradigmas en mi vida, recuerdo que la vida parecía ser muy suave y llevadera al leer estas letras, creo que lo leeré de nuevo.
Sol Castillo Solís

Cuando leí "Don Quijote", impresionada, me aprendí de memoria las primeras líneas del primer capítulo.
Ana Rosa Aguilar

Si ustedes piensan que “El amor de mi vida” de Rosa Montero es una novela romántica, se equivocan, es un recuento de su lecturas preferidas.
Ma. Elena Guillermo

Leyendo a Pessoa confirmé que estudiaría literatura. Soñé con poesía. Desperté con el libro (“galaxias”) entre las manos.
Sonia Seman

Leí el Génesis en enero y llegué a Apocalipsis en diciembre. Una tarde leí "David Copperfield" en el techo de mi casa hasta que la oscuridad de la noche me impidió seguir.
Nevia Leonor Pérez Aguilar

Recuerdo leer "Como agua para chocolate" en casa de mi abuela. 
Giovanna Mézquita

Alguien me regaló el libro de Michel Domit “Ser, Hacer y Tener” y al llevar a cabo el trabajo que te pide, decidí hacerlo de la mano del autor. Fueron los 30 días más duros y a la vez más maravillosos de mi vida, me llevaron a entender el propósito que tenía mi existencia y por eso hoy hago lo que hago. Los invito a leerlo.
Gabriel Cruz Lozada

Las aventuras de Sherlock Holmes lograron su cometido: me distrajeron en una etapa de duelo amoroso.
Mía Monforte

Te comparto que mientras hacía mi tesis leí  a Viktor Frankl  sin citarlo en mi trabajo, a la hora de mi examen de grado me sorprendieron los sinodales preguntándome por este autor. Leyendo La Identidad de Milán Kundera preparaba una rica sopa para mi familia. He llevado a mi centro de trabajo mas Platón y menos Prozac, pero aún no he podido continuar. Leí a Og Mandino cuando iniciaba en el área laboral.
Leydi Balam

Comencé a leer "Antigua Vida Mía", de Marcela Serrano, justo antes de viajar a Antigua, Guatemala. Lo terminé casi llegando a esa bellísima ciudad, y qué suerte que pude conocerla más a través de esa novela, porque a las pocas horas de estar allí, trataron de asaltar a mi esposo, y, por supuesto, después del susto espantoso... nos regresamos de inmediato a Mérida.
Silvia Káter

Durante un viaje de regreso desde Colima leía “La Historia del Jazz” mientras en mi casa de Mérida me cortaban la luz. Al llegar y ver mi desgracia lo único que me ayudó a continuar mi lectura fue una lamparita de leds que compré de pura casualidad semanas antes, y así me la pasé tres noches. Nunca olvidé el periodo Dixieland después de eso.
Raquel Tun

Cuando leí “Corazón de piedra verde”, no quería que se acabara el libro, así que en el último capítulo leía una hoja por día.
Alma Rosa Cota Gámez

Durante mi juventud tuve una serie de fuertes eventos paranormales mientras leí “Relatos de poder” de Carlos Castaneda. Juro que no estaba intoxicado.
José Luis García

Cuando leí " La intemperie" de Gabriela Massuh encontré una pregunta que daba respuesta a mis preguntas… no es un error. Es que una pregunta bien formulada es la que muchas veces te acerca a la respuesta y no el saber. Ah y cuando leí de pequeña “El Principito”, creí que lo había entendido. Cada vez que lo vuelvo a leer siento lo mismo, pero lo vuelvo a leer. Es de esos libros eternos, extemporáneos.
Carol Cukier

Leí “Los detectives salvajes” de Bolaño cuando estaba por mudarme a Mérida, no olvido el amor por mi ciudad, cien años de soledad el primer mes en Mérida, comiendo tierra.
Carmen López Barrón

Cuando termine una relación leí "hojas de ruta" de Jorge Bucay.
Astrid Rodríguez

Faltando un capítulo para terminar de leer "Silencios" se me extravió el libro.
Briceida Cuevas Cob


A los 12 años me enamoré perdidamente de Pablo Neruda, leyendo su autobiografía Confieso que he vivido.
Malena Durán

Releí "El encanto del erizo" antes de mi cirugía. Me da ánimo pensar en los muchos libros que aún tiene que este René.
René Romay

Cuando leí el "Pequeño hombre" era un niño y entendí que iba a crecer.
Chacho Siller

Empecé y terminé de leer a la Reina del Sur debajo de una palmera en Isla Mujeres.
Rocío Chaveste


Hace unos años hubo un pequeño incendio cerca de mi casa en la urbanización donde vivo y nos evacuaron a todos, yo lo único que me llevé fue un libro chiquito en piel y muy antiguo de 1831 titulado "Rinconte y Cortadillo" de Cervantes. No sé me podía haber llevado las cosas de valor como joyas y demás pero sólo pensé en coger mi libro y salir corriendo. Luego afortunadamente no pasó nada y cuando volvimos todo seguía en su sitio.
Alicia Carrasco

Mientras leía “Una vida con propósito” de Rick Warren conocí a un grupo de amigas que hasta la fecha tengo el privilegio de disfrutar.  Leí “Diario de una pasión” a bordo de un avión, mientras me dirigía a reencontrarme con mi papá en San Francisco, California., después de siete años de no vernos.
Nimsi Catzim


Empecé a leer Demian  
pero mientras leía él se desenamoraba de mí.
Él ya no esta conmigo. Y ahí tengo en mi mesa
el libro a un costado de mi cama, el cual dejé de leer,
pero mientras el tiempo no pase sobre mis recuerdos,
el libro ahí esta, siento que me observa en las noches o cuando
hago algo... me recuerda que él me dejó. 
No sé si es muy tonto, pero cada libro que leo
se queda con la felicidad o el dolor por el que pasé
y así es como Demian aún me observa
en mi cuarto, esperando, cuando me atreveré a abrirlo.
Maru Fitzmaurice


Y por último, mi testimonio:

Tendría cinco o seis años. Estaba en pre-primaria. Me pregunto a quién se le habrá ocurrido poner “El almohadón de plumas” del escritor uruguayo Horacio de Quiroga en un libro de texto para niños. Me impactó tanto que recuerdo con memoria fotográfica la mañana soleada de aquel día, porque una de las ventanas del salón estaba abierta, y el sol se echaba cerca de mi pupitre como un león adormilado. Me basta cerrar los ojos para volver a aquel momento, y mirar  la única ilustración que tenía el relato, en tinta azul.

Tal vez éste sea mi primer recuerdo ligado a la lectura y me acompañará el resto de la vida. Eso sucede con algunos libros: nunca se terminan, aunque hayamos llegado al punto final.


Un día de estos voy a cometer la osadía de llamarle a Fernando del Paso para darle las gracias por acompañarme como lo ha hecho con Palinuro y Estefanía. Tengo que decírselo, porque me ha dado horas de absoluta fascinación. Su sabiduría me hace feliz, su destreza narrativa me despierta admiración, su vocabulario curiosidad, interés. Quiero saber, quiero conocer, quiero entender. Quiero escribir. Y lo mejor: quiero seguir leyendo.

Muchas gracias.

Texto leído el jueves 14 de marzo de 2013
en el 5º Congreso internacional de UC-Mexicanistas
“Lectores somos y en la FILEY andamos”.
Mérida, Yucatán. México.


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3 comentarios

  1. Mirna Elena Góngora Gonzàlez.jueves, 14 marzo, 2013

    Como siempre preciosa, leer letranías deja un sabor de boca extraordinario, sigue adelante y permíteme seguir enriqueciendo mis fantasías a través de las tuyas.- Mi admiración

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  2. Me Emocioné leyendo la experiencia de alguno de ellos. Espero que este fin comience con una nueva lectura! siento que me emociona la posibilidad de ir por el reader de ebook y chutarme ese archivito que se esconde dentro de las carpetas... y Zaz!! a ver qué tal :)

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  3. Mientras viajaba en tren de Milán a Venecia, Veronica, Roma y París leía "El día que Nietzche lloro"

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