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martes, 27 de julio de 2010

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AL AMANECER DE UN DÍA TERRIBLE DESCUBRÍ QUE TE HABÍAS QUEDADO SIN PALABRAS. Brotó el silencio, enredadera amarga que nos cubrió la boca con fino hilo de cobre o red de telaraña. No era lo peor la almohada dividiéndonos la cama. Lo más triste eran tus manos de aceite, indisolubles con las mías de agua. Frío e inútil, como quien besa un espejo era besarte. Llena de blasfemias tengo esta lengua que antes exigías y amabas. Lo más triste fue que me nombraras como quien dice astilla o navaja, gota de vinagre o decir nada. Me volví nopal, lija, naturaleza muerta, y encontré en la cama tu espalda marcándome el rechazo, cuando al anochecer de un día terrible pronunciaste mi nombre como quien lee una lista de inventario. Lo más triste fue descubrir que al futuro le sobraban los plurales, roto nuestro reloj de arena y roto el cristal del portarretratos, aceptando que no me conformaría con vivir un simulacro.

Addy Góngora Basterra.

Publicado en Dossier de Poesía Contemporánea de Yucatán, Revista de Literatura Mexicana Contemporánea. Enero - Marzo 2010. Año XV, Número 40, Vol. 16. University of Texas
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