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viernes, 13 de marzo de 2009

Obituario


Blanca Varela

Esta ínfima y rebelde herida del tiempo que soy, como dice uno de sus poemas, ha dejado de ser herida y tiempo: es viernes por la noche y acabo de leer que Blanca Varela murió ayer a los 82 años en la Lima de Susana Baca, el Perú entrañable de Chabuca Granda. Pensé en alguien que la admiraba… recordé un comentario de Joaquín Sabina: “Me compré dos libros suyos y después de leerlos sólo pude amarla”, quien en cierta ocasión dijera que si había alguna mujer que influyera en su escritura, esa era Blanca Varela. Y es gracias a él —te lo agradeceré siempre, flaquito de Úbeda— que empecé a leerla por curiosidad para terminar leyéndola por necesidad.

Quise saber más de la noticia y Mr. Google, tan sabio como siempre, me mandó a El País. Ahí estaba el obituario y una nota, a través de la cual me entero que Octavio Paz prologó su primer libro, nada más y nada menos. Dice la nota: Paz prologó su primer libro y, de paso, la ayudó con el título. Ella le había puesto Puerto Supe. A él no le gustaba. Cuando Varela le recordó que "ese puerto existe", él le dijo: "Ahí tienes el título".

Puerto supe. Puerto fue. Puerto Libre. Ese puerto existe. Desembarquen de vez en cuando en el Puerto Libre de Ángeles Mastretta.

Me quedo agradecida con Joaquín por involuntariamente haberme presentado a Blanca Varela y dejo un poema breve y un fragmento de dos de sus-mis poemas favoritos:


HISTORIA

puedes contarme cualquier cosa
creer no es importante
lo que importa es que al aire mueva tus labios
o que tus labios muevan el aire
que fabules tu historia tu cuerpo
a toda hora sin tregua
como una llama que a nada se parece
sino a una llama


Y ahora fragmento de Casa de cuervos:

aquí me tienes como siempre
dispuesta a la sorpresa
de tus pasos
a todas las primaveras que inventas
y destruyes
a tenderme —nada infinita—
sobre el mundo
hierba ceniza peste fuego
a lo que quieras por una mirada tuya
que ilumine mis restos
porque así es este amor
que nada comprende
y nada puede
bebes el filtro y te duermes
en ese abismo lleno de ti
música que no ves
colores dichos
largamente explicados al silencio
mezclados como se mezclan los sueños
hasta ese torpe gris
que es despertar
en la gran palma de dios
calva vacía sin extremos
y allí te encuentras
sola y perdida en tu alma
sin más obstáculo que tu cuerpo
sin más puerta que tu cuerpo
así este amor
uno solo y el mismo
con tantos nombres
que a ninguno responde
y tú mirándome
como si no me conocieras
marchándote
como se va la luz del mundo
sin promesas
y otra vez este prado
este prado de negro fuego abandonado
otra vez esta casa vacía
que es mi cuerpo
a donde no has de volver.



Para leer más de Blanca Varela:
http://amediavoz.com/varela.htm



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