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domingo, 30 de noviembre de 2008

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Periodismo | Entrevista
El periodista Roberto Saviano, autor de
LANACION.com | ADN Cultura | Sábado 29 de noviembre de 2008




El periodista Roberto Saviano, autor de Gomorra, vive bajo custodia permanente luego de haber sido amenazado por su investigación sobre la Camorra

Por Borja Hermoso
El País

Roberto Saviano tiene 29 años y casi toda la tristeza del mundo en los ojos. Da la mano con un gesto entre mecánico y desconfiado, sonríe leve, muy levemente, y toma asiento en el patio de un hotel sevillano. Se refugia en los parapetos de lo incierto y lo temeroso y lo furtivo. No lleva chaleco antibalas, sólo le faltaría eso, pero los cuatro escoltas rodean su campo de acción, miran debajo de las mesas, miran al periodista, miran los balcones. Son cuatro agentes del Ministerio del Interior que han relevado, desde que Saviano llegó a Sevilla el jueves de la pasada semana, a los cuatro carabinieri habitualmente encargados de velar por su seguridad.

La Camorra ha condenado a muerte a Saviano no por lo que ha escrito, sino más bien por el impacto de lo que ha escrito, un impacto cifrado en casi dos millones de libros vendidos. "Lo que más molesta a la Camorra no es exactamente la palabra, sino la palabra cuando genera tensión... La palabra como tal, así a secas, los tiene sin cuidado; lo que no soportan es que esa denuncia tenga tantos lectores, y ésa es la diferencia entre Rushdie y yo. A Rushdie lo condenaron con una fatwa por el mero hecho de haber escrito Los versos satánicos; a mí me han condenado porque el libro se ha leído mucho; es el éxito lo que me ha condenado a muerte", explica.

El caso es que la condena existe. Lo demuestran los policías, los perros y la mirada de Saviano, que se proyecta en el suelo con demasiada frecuencia. El caso es, también, que según el diario La Repubblica, la policía de Nápoles detectó la llegada a la ciudad de una partida de 50 kilos de trinitrotolueno que obra ya en poder del clan de los Casalesi, cuyo jefe absoluto, Francesco Schiavone, alias Sandokán, ha jurado matar al escritor por atreverse a desvelar los sucios negocios de la Camorra.

Es normal. Saviano recibe centenares de cartas y de correos electrónicos; también bombachas y corpiños, porque no faltan en Italia quienes piensan que por fin hay un hombre como Dios y San Genaro (patrono de Nápoles) mandan, un hombre que planta cara a la Camorra. "Volvería a escribir el libro; no me arrepiento de haberlo hecho, pero al mismo tiempo no puedo decir que lo ame. Soy un prisionero de mi libro. Vivo una situación que me agota; es un gasto de energía brutal, una energía gastada no en escribir, sino en estar alerta, en estar encerrado en lugares horribles, en perder tiempo inútilmente... Y todo eso me vuelve loco".

Para Saviano, periodista y novelista, la diferencia entre géneros estriba en la capacidad del autor a la hora de entresacar lo esencial, y hacerlo de una forma tan subjetiva como eficaz: "A Orhan Pamuk lo amenazaron por relatar el genocidio armenio... ¡Pero eso lo sabía todo el mundo! Lo que pasa es que él lo escribió de una forma que comprometió al Estado turco, y entonces se convirtió en un símbolo. Conmigo pasó igual: ¡todo el mundo sabía que existía la Camorra napolitana! ¿Y Anna Politkóvskaya? Cantidad de cronistas habían escrito antes sobre Chechenia, pero ella lo hizo de tal modo que la cuestión chechena llegó a todo el mundo; se convirtió en un problema mundial, no local".

Como no podía ser de otra forma, Saviano admite que las historias reales de la mafia en general y de la Camorra en particular constituyen un material literario de primer orden: "La Camorra es un material narrativo excelente, porque está la épica de por medio. Son historias de poder, de vida y de muerte, es decir, los temas a los que todo escritor debe confrontarse, sobre personajes que deciden –sin justificación ni máscaras– sobre la vida y la muerte, sobre la riqueza y la pobreza, sobre la construcción y la destrucción".

En cuanto al resultado de la película de Matteo Garrone sobre su libro (Saviano participó del guión), confiesa: "Me gusta. Creo que Garrone no ha traicionado el espíritu del libro, aunque obviamente son diferentes: a mí me obsesionaba la parte de los negocios, y a él, la de la antropología". Y hablando de cine, se muestra escéptico ante los excesos mitificadores que las películas han llevado a cabo del mundo mafioso: "el modelo de las organizaciones criminales mafiosas no es El Padrino de Coppola, sino el Scarface de Brian de Palma, porque su personaje, Tony Montana, es alguien que se hace a sí mismo, sin hacer caso a las reglas, aunque con sus propias reglas". Mientras apretamos el botón off de la grabadora, todavía tiene tiempo para exponer la que para él es una de las mayores anomalías del mundo mafioso: "Para ellos, ni existe una sacralización de la vida, ni la muerte es un concepto negativo. Para la Camorra, la muerte no es un riesgo, sino una parte del oficio". Del oficio de asesino, se entiende. No del de escritor. Aunque, por desgracia, a Roberto Saviano le han aplicado la regla. Pero él seguirá escribiendo. Porque "escribir es resistir".
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