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miércoles, 24 de octubre de 2007

El silencio de las sirenas


"Ulises y las sirenas"
de Herbert James Draper

Escrito por Franz Kafka.

Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba:


Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con alegría inocente.



Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.



En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción.



Ulises (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas.



Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.



Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.

La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

Franz Kafka (1883-1924).
Escritor Checo.

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1 comentario

  1. Con todo respeto para F. Kafka, hay que decir que su texto es hermoso,en cunato a creación, pero criticable en el sentido de que las sirenas nunca fueron hacia Ulises, recordando que Circe, la Diosa hechicera tras no poder reternelo en su isla, lo dejó partir al fin rumbo a Ítaka, y según Homero, en La Odisea, le recomienda que cuando llegue su nave por el paso obligado ( hay quienes dicen que es la isa de Capri) en donde se encontraban las sirenas, que Homero nunca dice cuántas son, le señala que tenga cuidado de que sus marinos se pongan cera en los oídos, él no se puso cera, y pudo oír su canto, en tanto que le pedía a gritos a sus marinos que mientras intentara lanzarse al agua para ir con ellas, lo ataran más al mástil de la nave, dándole otra vuelta a las cuerdas, que no pudieron ser cadenas, de acuerdo a esta versión que se hace pública proveniente de la mano de Kafka. Otro error de apreciación reconociendo la hemosa pintura, las sirenas tenían rostro hermoso de mujer virgen, torso desnudo y cola de pez, esta trasnformación cambi+o con el tiempo, pues originalmente, según se ve en objetos antiguos, posiblemente mas antiguos que la época de redacción de las obras atriobuidas a Homero, se les ve con patas de ave, alas y rostro de mujer, por el castigo infringido por la madre de Proserpina ´porque como damas de compañá no ewvitarn que el Dios Vulcano se robara a su hija y la llevara a las entrañas del Infierno. De esto, puedo habar más y más, me he ociupado de ello en mi librpo de poemas Thalassa siglo xxi, México 2008. De cualquier mdo, el texto de Kafka, es recomendable, pero no es cierto lo que dice, no investigó a fondo.. Si entras a google y tecleas Thalassa, poema de Antonio Leal, podrás leerf ese poema que le da nombre a mi libro, espero que te guste y quieres subirlo a tu blog, con confianza, puedes hacerlo, Saludos desde el Caribe de México.

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