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viernes, 6 de mayo de 2016

Alina Reyes, lindísima en su sastre gris


Por Karla Barajas Ramos.

[Relato finalista del Concurso “Quitarse esa cosquilla molesta del estómago: cuéntanos tu cuento favorito de Julio Cortázar”, como parte de la 2ª Serie de Conversatorios sobre Literatura, organizado por el Proyecto Utopía de Yucatán A.C. y Foro Amaro].

Soy una cronopia, amo “Discurso de un oso”, “Carta a una señorita en París”,  “Las manos que crecen”.  Desde su lectura, vigilo coladeras y la llave de agua en el baño para ver si se asomaba un oso, y mi garganta para verificar que no nazcan conejitos cuando tengo náuseas.

ConFinal del Juego” y “Lejana” me inundó la ternura por sus personajes, la tristeza. Un suspiro al evocar la historia de manera inconsciente mientras comía o caminaba. Me apropié del texto, me solidaricé con los personajes, con las mujeres en ellos. Entre ambos cuentos, “Lejanaes mi favorito.

Un buen cuento narra dos historias, dos tramas distintas. Al finalizar la lectura de éste no me sentí engañada, desde el título orgánico sabía el final, no lo veía gracias a la alternancia de discursos, al entorno, a los espacios físicos que sirvieron como distractores en mi primera lectura.

Como la narradora, quien escribe su vida en un diario, me encontraba releyendo, buscando claves: nombres, fechas,  con angustia, casi sintiendo la humedad en mis pies, el frío la agonía. Como si yo pudiese salvar a la protagonista con entender al cuento y decirle que ese cuerpo era suyo, que no gritara, que no se rindiera, que siguiera escribiendo páginas en el diario, sin importar si estaba soltera o casada.

El personaje central se me presentó a través de un retrato interno completo. Desde el inicio me revela con un anagrama que Alina Reyes, la reina, mujer con una vida social, pero no la dueña; es Lejana, una mendiga de Budapest. Una mendiga a la que le pegan y la ultrajan día y día, camina por un puente frío con nieve que rezuma. La harapienta mujer de pelo negro y lacio esperaba con algo fijo y ávido en la cara. Llegué a quererla por su dolor, por fugarse de su realidad.

Alina Reyes, como la lejana, la no reina en el anagrama es, o podría ser, una pupila de mala casa en Jujuy o sirvienta en Quetzaltenango; en cualquier lado lejos y no reina, pero dueña del cuerpo y del nombre. Y la reina, la que habita la mente de esta persona quien narra Alina Reyes, la reina, con una vida social, pero no la dueña, a la que golpea la soledad, en un principio.

La narración comienza el 12 de enero con Alina Reyes, una mujer amada, con vida social, culta, que en continuas fechas piensa en una joven que en Budapest es golpeada quizá por una madre furiosa, la soledad o un hombre. El 20 de enero mientras sirve a la señora Regules y al chico Rivas, Alina Reyes dice: “ahora estoy cruzando un puente helado, ahora la nieve me entra por los zapatos rotos. La siento más dueña de su infortunio, lejos y sola, pero dueña y con odio.

El 25 de enero nos revela: Y si Alina Reyes está loca. El 6 de abril, a través de un puente que es  el mediador, me retrata de manera física al personaje en dos dimensiones: a través de un narrador impersonal que es precisamente el puente, la unión y separación de ambas.

 Entonces me doy cuenta que el tiempo fue un distractor, la historia en realidad se desarrolló en la agonía de esa pobre mujer que creyó ayudarse inventándose otra versión de sí misma, en ese monólogo interior de Lejana: Yo aguanto desde aquí y creo que con eso la ayudo un poco.

            Alina Reyes tiene un nombre, un diario, mientras Lejana es sólo un nombre alegórico, lo importante es que Alina Reyes no es la reina del anagrama, sino la chica a la que quiero salvar.

La mediación es importante porque el personaje no nos puede decir todas las cosas. El puente no sólo es un lugar, sino un puente en el discurso que atraviesa la primera persona para convertirse en un narrador omnisciente. La clave para definir el punto de vista está en el puente. Siempre el puente, la transición.

“Lejana” me detuvo a pensar cómo fue construida esta historia, ¿por qué me rondaba en la cabeza? El metalenguaje que utiliza Julio Cortázar en este cuento me atormentó,  quien narraba la historia era Alina Reyes, la querida o a la que golpean. ¿Qué historia prevalecería? ¿Sería una mujer que se inventó a una chica agonizante en Budapest? ¿O una mujer congelándose en medio del puente?

Finalmente, sumergida en el tiempo de la historia, ese 6 de abril no fue la victoria de la reina sobre la adherencia maligna, vio que se había separado. Y ahí, con ese grito, se quedó Alina Reyes, la lejana. Y yo triste, pensando en la convención que formamos Julio Cortázar y yo lectora. En esa convención íntima, poco a poco descubro la verdad temida:

“A veces sé que tiene frío, que sufre, que le pegan. Puedo solamente odiarla tanto, aborrecer las manos que la tiran al suelo, también a ella, a ella todavía más porque le pegan, porque soy yo y le pegan.
(Cortázar, Julio.2011: 48).
Cuando la fantasía de la mujer del puente se hace insostenible y dice: Salí a buscar del puente, salí en busca mía. Me desespero y pienso no vayas, allá te pegan, allá la nieve te entra en los zapatos.  Quizás la agonía sobre el frío no pasará dentro de catorce años o quizás no serás una cifra en el cementerio de Santa Úrsula.

Es ese tono, que aparentemente inicia con serenidad y pasa de inmediato a la  desesperación a lo largo de la historia, el que me hace conmoverme, desesperarme; y a la vez es el tono que mantiene la tención dentro del cuento, que llega hasta la desesperación, al grito.

Al terminar mi lectura, no me importa la que otros tengan de ese cuento,  quería cambiar el final, calentar los pies de la chica, volver a leer la historia y fusionarlas. A veces la releo y pienso en Alina Reyes, lindísima en su sastre gris, como la única en el puente. A veces releo la historia y agradezco a Julio Cortázar por habérmela contado.

Cortázar, Julio. Cuentos Completos/1.Punto de lectura. México, 2011.

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