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lunes, 24 de octubre de 2011

El atardecer que la mecanografía me dejó



Con tres dedos de la mano izquierda tecleo la palabra "atardecer".
No necesito la derecha y lo puedo hacer sin ver el teclado.  


Un verano, mi madre y mi tío se aliaron para meter a la chiquillada Basterra a un curso de verano donde nos enseñaran a escribir a máquina. Fuimos a fuerza todos los días, rabiando. Pero aprendimos... y puedo hablar en plural al decir que si bien en su momento fue fatal, ahora todos estamos agradecidos.


Con las yemas de los dedos recorríamos en diagonal el teclado... qaz wsx edc rfv tgb... tgb... hasta tgb (son las iniciales de mi hermana menor) fue a clase, con sus manos pequeñitas y sus pocos años.


Y ahora, años después, vengo a darme cuenta de la virtud solar que la mecanografía me dejó: 
una puesta de sol para deletrearla con la mano del corazón que es la mano de la clave de fa.


Escribo casi con una caricia la palabra "atardecer" y al hacerlo me acuerdo de mi piano, porque es el mismo movimiento que haría si las letras en negrita de la palabra que vuelvo a teclear: atardecer --por la posición alta en el teclado de la e, la r y la t-- fueran las teclas bemoles en ese otro teclado que es como el Cine de Oro Mexicano: a blanco y negro.


¿Cómo sonará la palabra atardecer en el piano? 


Para quienes amamos el sonido, el clap clap clap de la máquina de escribir suena como un buen recuerdo. Hoy las teclas se escuchan como chasquidos bajo el peso de las yemas, porque ahora se trata de hacer cada vez menos ruidosos los teclados... o mudos por completo con la tecnología "touch" de ipads y teléfonos, donde basta tan solo un leve roce por encima del alfabeto...

Fotografía de Anton Senkou.
"Mujer y máquina de escribir".

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