Mario Benedetti


Mario Benedetti en un café de Montevideo
Fotografía de Eduardo Longoni

Qué jugadas da la vida.

Pensaba que desde el viernes 8 no había subido nada a Letranías.

Hace un rato releí un libro en el que siempre descubro cosas nuevas (como suele pasar) y estuve metida en éste autor que ha sido etiquetado por algunos como comercial y cursi. A mi me gusta y me basta el gusto para admirar su escritura, conmoverme y sentirme ––muchas veces–– identificada.

Ahora que venía a compartir algo suyo, me di una vuelta por google para buscar una fotografía y así tener, además de sus letras, su sonrisa. Y cual sería mi sorpresa que tras escribir Mario Benedetti en el buscador me tropiezo con la noticia de que ha muerto…

Algunos sabíamos que andaba enfermo y en parte por eso quería darle un lugar en Letranías, a modo de expresar mi solidaridad con él por la débil salud con la que empezó mayo.

No sé a qué hora murió, he leído algunas notas pero en ninguna se dice la hora; se me pone la piel de gallina nada más de pensar que mientras él dejaba de respirar, yo tropezaba con sus páginas quedándome un buen rato entre sus versos… que juegos del destino… leer esa letra de imprenta que en algún momento fue caligrafía, puño y letra… mientras él iba dejando de existir… destiempos de la creación… pedacitos de eternidad como el poema Asunción de ti, uno de mis favoritos, que ahora con más razón quiero compartir:


1

Quién hubiera creído que se hallaba
sola en el aire, oculta,
tu mirada.
Quién hubiera creído esa terrible
ocasión de nacer puesta al alcance
de mi suerte y mis ojos,
y que tú y yo iríamos, despojados
de todo bien, de todo mal, de todo,
a aherrojarnos en el mismo silencio,
a inclinarnos sobre la misma fuente
para vernos y vernos
mutuamente espiados en el fondo,
temblando desde el agua,
descubriendo, pretendiendo alcanzar
quién eras tú detrás de esa cortina,
quién era yo detrás de mí.
Y todavía no hemos visto nada.
Espero que alguien venga, inexorable,
siempre temo y espero,
y acabe por nombrarnos en un signo,
por situarnos en alguna estación
por dejarnos allí, como dos gritos
de asombro.
Pero nunca será. Tú no eres ésa,
yo no soy ése, ésos, los que fuimos
antes de ser nosotros.
Eras, sí, pero ahora
suenas un poco a mí.
Era, sí, pero ahora
vengo un poco a ti.
No demasiado, solamente un toque,
acaso un leve rasgo familiar,
pero que fuerce a todos a abarcarnos
a ti y a mí cuando nos piensen solos.


2
Hemos llegado al crepúsculo neutro
donde el día y la noche se funden y se igualan.
Nadie podrá olvidar este descanso.
Pasa sobre mis párpados el cielo fácil
a dejarme los ojos vacíos de ciudad.
No pienses ahora en el tiempo de agujas,
en el tiempo de pobres desesperaciones.
Ahora sólo existe el anhelo desnudo,
el sol que se desprende de sus nubes de llanto,
tu rostro que se interna noche adentro
hasta sólo ser voz y rumor de sonrisa.


3
Puedes querer el alba
cuando ames.
Puedes
venir a reclamarte como eras.
He conservado intacto tu paisaje.
Lo dejaré en tus manos
cuando éstas lleguen, como siempre,
anunciándote.
Puedes
venir a reclamarte como eras.
Aunque ya no seas tú.
Aunque mi voz te espere
sola en su azar
quemando
y tu dueño sea eso y mucho más.
Puedes amar el alba
cuando quieras.
Mi soledad ha aprendido a ostentarte.
Esta noche, otra noche
tú estarás
y volverá a gemir el tiempo giratorio
y los labios dirán
esta paz ahora esta paz ahora.
Ahora puedes venir a reclamarte,
penetrar en tus sábanas de alegre angustia,
reconocer tu tibio corazón sin excusas,
los cuadros persuadidos,
saberte aquí.
Habrá para vivir cualquier huida
y el momento de la espuma y el sol
que aquí permanecieron.
Habrá para aprender otra piedad
y el momento del sueño y el amor
que aquí permanecieron.
Esta noche, otra noche
tú estarás,
tibia estarás al alcance de mis ojos,
lejos ya de la ausencia que no nos pertenece.
He conservado intacto tu paisaje
pero no sé hasta dónde está intacto sin ti,
sin que tú le prometas horizontes de niebla,
sin que tú le reclames su ventana de arena.
Puedes querer el alba cuando ames.
Debes venir a reclamarte como eras.
Aunque ya no seas tú,
aunque contigo traigas
dolor y otros milagros.
Aunque seas otro rostro
de tu cielo hacia mí.



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Uruguay