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jueves, 20 de agosto de 2009

Historia de un tejido





A Víctor Pavón y a mí nos gustaban —y nos sigue gustando— los juegos creativos de palabras. Una tarde de las que compartimos cuando fuimos compañeros en la universidad, implementamos un jueguito para escribir en cinco minutos lo que se nos ocurriera a raíz de una frase. Hacíamos esto entre clase y clase, mientras llegaba, por ejemplo, José Ramón Enríquez al salón a hablarnos de teatro y contagiarnos su pasión... qué prodigio tener a alguien como él como maestro. Víctor detonaba: "Había un no sé qué atorado en la ventana..." y usábamos ese pie de frase para iniciar un relato breve. Lo hicimos varias veces. Nos gustaba. A veces estábamos platicando cualquier cosa, supongamos, me contaba: "Ayer fui al cine y vi a una muchacha a la que me hubiera gustado llamar por su nombre"... a mí me brillaba la mirada y él se daba cuenta, interrumpíamos la conversación y cada quien se iba a su trinchera a escribir algo. Luego nos leíamos, nos reíamos, y continuaba la conversación, como si nada hubiera pasado.

A veces, simplemente, estábamos ahí sentados, viendo que lloviera: en los alrededores de la Universidad Modelo, en Cholul, había entonces mucho monte, no había edificio que detuviera la ventolera ni el agua en bajada, evocándome lluvias y diluvios sólo registrados en La Biblia o en Macondo. Recuerdo, a lo lejos, una veleta de esas que atraen el agua con sus giros, aunque esa veleta era nada más exhibición, porque los únicos aires que tenía era el de ser una flor con pétalos y tallo oxidados. En los días calurosos, esa veleta tenía un brillo diferente, el óxido se acentuaba con ese color nostálgico que tiene, me gustaba mirarla e imaginarla girando sobre su pedestal cuando tenía el privilegio acuático que ahora los años le han frenado.

Un día de esos Víctor sólo dijo: "No pueden tejer". No pueden tejer. ¡No pueden tejer!

Abrí la libreta, él abrió su cuadernito, escribió. Y escribí:

No pueden tejer. Las agujas tienen vida propia y toman rumbos equivocados al mandato de las manos. Imposible enhebrar. El ovillo azul se vuelve agua y no puede atraparse. El rojo se desangra en el sofá. Las agujas están tercas, dislocadas. Hoy no son esa armonía de siempre, no tienen ritmo, una transparente melodía las aloca hasta perder el control. Lo ya tejido emprende reversa y la bufanda se desbarata. Las manos observan atónitas, no pueden creerlo: sobre el regazo van estirándose los hilos que vuelven al ovillo.

—No se puede continuar así —dicen enojadas las manos.

De veras están muy molestas, ya la bufanda está desvanecida. Azul y rojo no se quieren. No pueden estar entretejidos.

Manos no lo entienden.

Agujas son cómplices y por eso la rebelión: saben que azul flirtea con verde y que amarillo pretende a rojo.

Bufanda tampoco está de acuerdo. Apenas tuvo ojos para darse cuenta de sus hilos, y boca para quejarse, le dijo a las agujas que no soportaría vivir cuadrículada entre azul y rojo.

Entonces ellas, comprensivas y apenadas, se enarbolaron en las manos como espadas que iban de aquí y allá con un aire de espigas de metal, mientras los ovillos giraban y giraban en un baile que los engordaba mareándolos con tanta vuelta.

Manos tamborilea los dedos en la rodilla y no comprende. Toma el par de agujas —están tan cansadas—, y también a rojo y azul que por debajo de los hilos se echan miradas de odio.

Todos vuelven a la canasta.

Chispas amenazantes surgen de rojo y amarillo. Es peligroso, pueden volverse fuego, se dicen al oído azul y verde, haciendo tregua para volverse mar en caso de incendio.

Agujas y alfileres duermen en perfecta simetría, pendientes y vigilantes, con el ojito bien abierto y el aguijón alerta.
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4 comentarios

  1. Me ha fascinado, es como leer música, es poesía...

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  2. Que gusto me da conocer tu blog Addy, es un placer leer cosas que a uno se le traspasan en pecho y quedan marcadas a nuestro paso, como si cada renglón de los párrafos fueran los hilos que tejen, bordan y zurcen una parte del alma con la que bien cargamos. Un saludo y gracias por compartir tus tejidos de palabras...

    Visita mi blog, ojalá y te unas a él porque tiene pocos meses que lo abrí y casi no tengo seguidores. Pocos comentan, y me encantaría que se vuelva activo.

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  3. Jujujujujuju!!! Q' bonito está!

    Refugio.

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  4. JuJujujujuju!!! Q' bonito está!

    REfugio GArcia.

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